Os es Necesario Nacer de Nuevo

En el Evangelio según San Juan encontramos a Jesús conversando con Nicodemo. El fariseo viniendo de noche a Jesús le dijo que nadie podía hacer las señales que él hacía, si no estaba Dios con él. Inmediatamente el maestro le respondió y le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciera de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo asombrado de la respuesta de Jesús vuelve y le pregunta: ¿cómo es posible que un hombre siendo viejo pueda nacer nuevamente? Jesús le responde: “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne carne es y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dijere: os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.

La necesidad del nuevo nacimiento nace de la incapacidad que tiene el ser humano para “ver” o “entrar” al reino de Dios. A pesar de los dones que tenga, de su moral o de lo refinado que sea, el hombre natural está totalmente ciego a la verdad espiritual y no puede entrar al reino pues no puede obedecer, entender ni agradar a Dios. Cuando hablamos del nuevo nacimiento, nos referimos a que no es una reforma de la vieja naturaleza sino un acto creador del Espíritu Santo. Esta condición del nuevo nacimiento es fe en Cristo crucificado. Y a través del nuevo nacimiento el creyente se convierte en miembro de la familia de Dios y participante de la naturaleza divina, la vida de Cristo mismo. Nicodemo debió haber sabido sobre el nuevo nacimiento de acuerdo o en vista de lo que dice
Ezequiel 36:24-26: “os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Aquí tenemos frente a nosotros una imagen de lo
que dice el Antiguo Testamento en relación con el Nuevo Testamento correspondiente entre el “agua limpia”, el “espíritu nuevo” y el “corazón nuevo” del pasaje del profeta Ezequiel, y el “agua”, el “espíritu” y el nuevo nacimiento de el Evangelio según San Juan 3:3-8.

La vida eterna no sólo es una esperanza futura sino la posesión presente de todo aquel que cree en Cristo Jesús.

¡Dios te bendiga!
Pastor Luis Acevedo

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